Solo te dejé tocarme la cintura...
Solo eso.
Solo enrollaste tu brazo al rededor
de mi curva
y me llevaste a través de la gente
tan orgulloso,
riéndonos,
como si el tiempo
fuera un
personaje
quieto
e
inubicable.
No pienses en mi
piel
como alimento.
Yo no te daré de beber,
ni de comer,
con mi tacto.
yo
solo soy
la inconstancia
de un beso
que das
a un desconocido.
Algo de una noche,
un sentimiento
inexistente
o tardío.
La gente siempre
espera de mí
suave rosa
y lirios,
pero solo me quedaron
las espinas.
Brazos y piernas
espinosas.
Labios que
parecen dispuestos.
Alma indispuesta.
Por eso me sorprendí,
cuando él,
dulce,
me dijo que mi abrazo
había sido
el mejor
de su vida.
¿Pueden unos brazos
que pican,
dar ternura?
Me ilusioné
imaginándome
con tersura
de seda.
Toca la seda
pero no
la añores
como tuya.
Tuya es mi palabra,
confidente
y amiga,
tuya es mi
calma,
pero no me pidas
la revolución
del corazón.
Eso ya pasó hace siglos,
porque yo hace siglos
que estoy muerta.
Por eso las manos heladas.
Manos heladas
y engarfiadas como
garras...