martes, 28 de septiembre de 2010
A tu recuerdo
Es la pregunta donde mi alma siempre prefiere retornar. No hay fe, no hay sed, no hay más.
Aún así, retomo tu rostro y lo moldeo al compás de mis emociones inconstantes.
El producto: un tú mil veces más brillante. Y aunque en la realidad no eres más que color sepia, yo te pinto con las acuarelas.
Me siento como una vieja al tejer memorias oxidadas, al beber tanto té, al tener la sonrisa gastada, al caminar y cansarme, al dolor de los huesos, al asma por las mañanas...
Soy un trapo estrujado, no hay más agua, no hay dulzura ni tampoco poesía barroca.
Soy el reciclado de algo lejanamente brillante, la de ahora es demasiado biodegradable; si me acuesto en la tierra me absorverá y moriré: olvidada, resumida, desgraciada.
Y sigo hablando como anciana, como vieja apaleada... ¡Si hasta mi madre aún puede sonreír con naturalidad!
¿Dónde quedó la primavera de mis pasos? ¿A dónde fue a parar la coquetería de mis gestos?
Y no estoy seca, de llorar: lloro, de cantar: canto, de amar: no lo tengo claro.
y de recordarte.... Como una vieja lo hago.
Tejiéndote estoy entre letras sumisas y atolondradas. Bebiéndome un té endulzado con tu abrazo antier, disfrutando el bouquet de tu ausencia, silenciada por los kilómetros de mentiras...
Yo solo anhelo dejar de digerir este recuerdo tuyo, para así no tener nunca más que sentarme a beber más infuciones amargas de recuerdos y promesas rotas...
Ya no quiero pensar si me recuerdas, no quiero recordarte yo. No quiere recordarte mi cuerpo con los brazos adormecidos de tanto esperarte abiertos.
Me bebo el té de amargo cariño que me dejaste, para así digerirte y olvidarte.
sábado, 29 de mayo de 2010
Se me había olvidado que debía olvidarte.
Sola entre las madejas de palabras a medio terminar, tejiendo nuestros cabellos en un abrazo más que largo.
Sola, sola, sola mirando por la ventana al cielo, pensaste en mi boca, yo pensé en el miedo.
Te quise arrebatar los sueños, tú querías mi vida y la envidiaste.Te pusiste ante cada amor y te los quedaste.
Yo ya no te quiero, te quise, te amé. Ahora eres arena y sol, y a mí, nunca me gustaron los veranos.
Te perdías por las calles cuando llovía, te recordaban a mí la luz ambarina de las calles húmedas y friolentas.
Yo quería un no sé qué, si lo hubiera sabido, quizás hace mucho te habría extirpado.
Se me había olvidado el olvidarte, porque nunca fue una tarea pendiente, tú te olvidaste sola.
Sola, sola, sola te sientes… Amarga la boca de tanta mentira, los ojos rojitos de tanto llorar.
A mí nunca me gustó tu boca, tenías demasiada saliva venenosa. No quise besarte, no lo hice jamás.
Ahora que trato de escribir estas palabras que no sé si son prosa o canto o lamento y carta, pero que sólo sé que son oscuras y ácidas… Miel para ti, ya no hay.
Se me olvidó olvidarte, tú te olvidaste sola.
Sola, sola, sola te pillo en viejas cartas, siempre presentí que tú me amaste más.
Yo tenía claro el golpe que debía dar, lo di, orgullosa levante mi lengua contra ti. Jamás me arrepentiría, me siento más liviana y tibia.
Tu frío y tu veneno agridulce ya no podrán tocarme. No te desprecio, recuerda que olvidé olvidarte, porque, tú te olvidaste sola.
Solita, solita, muy pequeñita… Ya nunca jamás serás grande. Ya nunca jamás, disfrutarás un invierno como los que yo te daba. Frío de mis manos, gélido de amor.
Ahora que recuerdo que no te he recordado, presiento que quizás jugué a quererte, imagino que debería sufrir más, llorarte, arrepentirme ahora. Y no puedo niña solita, no puedo recordar el tono de tu voz, tampoco la fuerza de tu abrazo, menos recuerdo si tu sonrisa era linda o tu cabello suave…
Quizás te amé, ahora no lo recuerdo… Me dejaste tantos recuerdos amargos para escoger, que preferí tirarte a la basura del olvido, aprieto “suprimir” en mi memoria y ya no te recuerdo más.
Nunca, nunca, nunca más… Estás hecha de arena y sol… Se me escapa tu recuerdo entre los dedos… Nunca me gustó el calor… Porque disfruté verte llorar, porque no sentí remordimiento por nada… Me habías hecho mucho mal, yo solo quería hacerte sufrir.
Me dejaste en deuda, me dejaste impaga… Vil, mala, mala. Ahora te irás al limbo a curarte por dentro, estás tan sucia que ya no podía mirarte.
Límpiate, sucia, sácate el orgullo y la ironía… Ojalá no manches a nadie con tu alma torcida.
O si no, otros te van olvidar así como yo me doy cuenta que te olvido.
Se me había olvidado que debía olvidarte, pero tú te olvidaste sola. Me causaste angustia me llenaste de rencor, ahora estoy sentada aquí sin poder recordar nisiquiera tu nombre.
viernes, 30 de octubre de 2009
Un momento.
La cortina se balancea de manera sensual,
Penetra en los hilos las luces de la ciudad.
Penetra en mi mente el recuerdo, aquel susurro de tu voz diciéndome: Quiero una vida contigo.
Y yo, ilusa, niña jugando a ser mujer, creía tanto.
Entonces me atrapabas entre tus brazos, y yo me dejaba caer a aquel nido de emociones, mientras tu mirada buscaba siempre algo más.
Yo, algo nerviosa de que vieras demasiado dentro de mí, cerraba mis ojos y te ofrecía mis labios como consuelo.
Y tú decías mi nombre: “Nataly...” Antes de besarme.
Entonces, como a todos los amantes, el mundo se volvia etéreo.
Mis manos no podían tocar otra cosa que no fueras tú.
Y luego, abría los ojos y veía los tuyos cerrados, era tan bonito creer que tus mentiras podían ser realidad. Era maravilloso pensar en una vida juntos, pensar en huir lejos contigo, pensar en tener hijos, una casa, cuentas por pagar…
Y ya nos veía a ambos, cansados del trabajo y el tedio, para llegar a simplemente abrazarnos. Hacer el amor, en cierta forma, innecesario.
Pero dejé que las ilusiones se fueran desprendiendo de mis manos, el tiempo acabó antes de que llegara a salvarte. Tú tampoco, fuiste capaz de esperarme.
Pensé que llorando, recibiría tu consuelo. Jamás me abrazaste en ese momento.
Entonces traté de sonreír, que no fueran mis ojos rojos el último recuerdo que te llevaras de mí.
Ahí, en ese fatídico momento, me diste un amable beso en la mejilla.
No te vi nunca más.
Ahora te recordé, porque en noches como éstas, así: calurosas y fragantes. Aparecías para hablarme de tus cosas, para hacerme dudar de nuestra apasionada amistad.
Yo te escuchaba tan atenta, celosa siempre de las demás, celosa de todo. Supongo que simplemente te amé demasiado.
Ahora todo me parece una epifanía. Ahora tu pelo largo y negro es como un dulce recuerdo. Aunque no sé porqué, pero tus ojos aguados jamás los podré olvidar.
Nunca he entendido porqué escribo. Creo que es para decir lo que no le digo a nadie más, para hablar de una forma en que no todos puedan entender. No lo sé, desde que mi vida dio un vuelco de 180°, comencé a escribir. Ya no tenía con quien desahogarme, por eso, la hoja y el lapiz fueron mis mejores amigos.
La foto: Tampoco lo sé, aunque creo que me agrada porque así te esperaba. Era maravilloso esperarte cuando llovía, le daba el toque dramático a la espera. Me daba frío, para que llegaras a abrazarme.
Ahora todo es un poco caótico. Parece como si hubieras muerto. (Al menos el ser que conocía murió) Pero en alguna parte, quiero pensar que queda un poco de tú yo antiguo dentro de ti. Al menos, ese hombre del pasado haría muy feliz a alguna mujer. A mí, ya no. No porque no sienta algo por ti, si no que, ya no podría mirarte a los ojos sabiendo en lo que me he convertido.