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viernes, 8 de abril de 2011

Para la rubia

Tengo retazos de recuerdos en mi mente:

tu risa burlesca,

tus ojos brillantes y bondadosos,

tus manos de niña

tus anillos de plata

tu perfume...


A veces me dueles,

a veces te necesito,

a veces recuerdo tu beso,

a veces recuerdo tu calor.


Y ahora que estoy en vela

Pienso en si lo de nosotras fue fuego o dolor...?

Me quemas por dentro

Ya sea por deseo,

ya sea por rencor.

domingo, 4 de julio de 2010

Estás tan muerto...


Me hubiera gustado no haberme enterado jamás. Hubiera sido demasiado dulce el aún amarte…

Me encantaría colgarme de aquel cuello, el más fragante y tibio de todos.

Me gustaba tanto cuando me abrazabas hasta dejarme sin aliento…

Te lloro porque hoy estás tan muerto…

Tan desaparecido y aún no te supero… Te amo tanto desde el fondo de mis recuerdos… Me duele, lastima y quiebra esta añoranza de tu voz sabia y tus últimos ruegos…

Quisiste no morir en mí… Pero tú mismo cavaste aquella tumba que hoy tiene más de dos metros de tierra encima… Tiene metros de años pasados, de abrazos no dados, de caricias tímidas…

Quiero tu voz diciéndome que soy tuya… Quiero que ahuyentes a los hombres que quisieran acercárseme. Quiero sentirme tan amada por ti como era antes…

Quiero, quiero, quiero tanto de ti, del difunto hombre que fue el primero siempre… Ver al impostor que ocupa tu puesto me duele… Siempre me dueles, siempre me dolerás…

Si pudiera retroceder el tiempo me tiraría a tus pies a pedirte que no me traicionaras, que recordaras antes de besarla que tienes mi boca y mis bracitos para suplir lo que te falta…

Que dolor más grande en la garganta… Es esta añoranza de tu presencia tan alta… Me cuesta respirar y continúo, porque aunque me quema escribir estas palabras, si no lo hago me ahogaría…

Yo, que quería entregarte el alma en cada abrazo y cada beso… Eras el único entre mis púberes rezos.

Hoy no creo en Dios y tú estás muerto. Aunque tu suplente hace un buen trabajo, jamás será como tú… Tú que me ardes en los recuerdos… Tú que lastimas con esta añoranza que te tengo…

Jamás volviste… Ni es sueños. Me dejaste tan abandonada que me costó años ponerme en pie… No sé cómo el mundo puede seguir girando si tú no estás… Pareciera como si solo yo no pudiera vivir sin ti. Quizás es culpa de tu suplente que mantiene engañado al mundo con esa apariencia tan parecida a ti.

Solo yo noto que no es como tú, que apenas se parecen… Porque el suplente tiene esa aura de mediocridad que le sigue a todos lados, y tú… Tú eras tan brillante que me costaba un esfuerzo sobrehumano el dejar de mirarte…

Que dolor… Que añoranza de ti. No tengo lugar a donde ir a dejarte flores… Honro tu memoria sólo con los recuerdos que me quedaron de ti: tu abrazo tibio, tu perfume suave, tu voz tan sabia.

Si no hubiera sido tu hija, te habría amado en plenitud.

Ahora el impostor escucha música en el primer piso… Quizás en qué lugar abstracto andarás… Brillando como un Dios, iluminando lo que miras. Ojalá reencarnes algún día y nos volvamos a encontrar. Hasta ése día, un beso y un abrazo más las palabras que siempre te repetía al oído. No las escribiré, porque no son ni del suplente ni para el mundo, solo para ti.

lunes, 28 de junio de 2010

Ése Lugar


Quiero recargar mi cabeza en el área situada entre tu cuello y el nacimiento de tu mandíbula. Ahí, recargaré más que mi peso, mis preocupaciones.

Encerraré en el abrazo más tibio la condensación de mis llantos, y aplicaré crema nutritiva a los oídos cansados e irritados de los gritos de la vida.

Envolveré en papel crepé todas las angustias… Y haré de ellas esos regalos que no nos gustan y que quedan olvidados en un rincón.

Encontraré en los caminos más empedrados la dicha de la lucha, para así no sentir que la vida es siempre tan dura y frívola.

Ahí, en el rincón entre tu cuello y el nacimiento de tu mandíbula, dejaré marcas de besos que nadie podrá ignorar. Por si un día estás con otra, verás que el pasado por más que lo limpies no se puede borrar. No importa si quedan sólo moretones, no importan las sonrisas, importa que estuve ahí, en tu vida.

Ahora, me quiero quedar un poco más en el rinconcito aquél… Quiero cerrar los ojos y olvidar las cicatrices que jamás intenté curar y que hoy se pudren. Callémonos un momento, que sólo quiero oír tu respiración… Abrazada al pecho más tibio de todos… Siendo acariciada por las manos más suaves que he sentido desde hace una eternidad… Olvida el miedo al olvido… Que aunque mi boca vomite negruras e injurias, muy adentro estás.