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sábado, 21 de agosto de 2010

Engañosa ciudad


Desde el metro, mirando hacia la cordillera, la ciudad parece una marea negra y sensual, llena de medusas amarillas que se forman para dar el espectáculo más sublime que jamás he visto.

Quiero bajarme del metro y ser absorbida por aquellas aguas petulantes y pretenciosas. Porque así es la ciudad (no te dejes engañar), se cubre de faroles y se disfraza de mar, pero, que recuerde el hombre que aún no ha llegado al fondo del océano, que no conoce todas las criaturas que allí sobreviven.

Aún así, aún cuando la ciudad sea una marea peligrosa y desconocida, yo, simple mujer que ni siquiera sabe nadar, quiero ahondar en sus profundidades y mezclarme con las algas del olvido... Quiero ser el basurero desvordado de inmundicia, me volveré el carrito de sopaipillas, me camuflaré perfectamente con los perros llenos de tiña, con los gatos delgados, con las palomas piojentas...

Quiero ser sucia marea peligrosa, ciudad engañosa.

Quiero descontrolar este desierto nortino y volverme ciudad tempestuosa, para así mancharme y que jamás me reconozcas

lunes, 7 de junio de 2010

El saberme amada por ti

Ayer me apoyé en tu pecho…

Ya no hubo dolor ni dudas… Me dejé abrazar, me dejé acariciar el cabello.

Tus labios dulces y sinceros rodaron por mi nuca con tibio esmero… Jamás ensuciarme, sólo idolatrarme.

Me hablaste del alma y de la gente, de la vida y la vejez… Yo extasiada te escuchaba, siempre me gustó tu compañía.

Por el cielo, crepuscular, brillaron montones de ilusiones de color plata. Sonreímos, nunca la vida fue más prometedora que ahora.

Estamos tan limpios, tan livianos mi niño…

La ciudad nunca fue tan alumbrada de neón azul y fucsia… Nunca las luces que antes, parecían de prostíbulo, me parecieron más hermosas.

Las fachadas atrayentes, las risas centelleantes de la gente… Nada podía ser más propicio para el regocijo de la compañía tan anhelada.

Incluso, cuando ya no tuvimos más que decir, fue agradable.

Agradable también el palpitar de tu corazón, suave y acompasado, ajustado correctamente a la circulación de la sangre en mi muñeca.

Bonita la ciudad, desde el metro. Bonito ese manto de lucecitas ambarinas sobre la marea negra. Sacaste fotos, yo las guardé en la memoria.

Gracias por ser complemento y aderezo. Sencilla sazón que condimenta la emoción de verte, sentirte, de saberme amada por ti.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Dentro del auto.

Los amantes se besan con necesidad dentro del auto.

No hay muchas palabras románticas, no hay muchas voces, más que las voces del deseo.

Se abrazan, se frotan, gimen, sudan.

Ella suspira en el oído de él, mientras dentro del hombre, nace un fuego que sólo las manos de ella, en su miembro, podrán apagar.

Entonces la ciudad que los rodea, se apaga.

Manos como serpientes que cruzan fronteras que quisieron ser precipicios.

Cae una corbata al asiento trasero, las medias estorban, entonces se rompen.

Dedos que estrujan, masajean, marcan.

Caminos imposibles de no recorrer.

Un nombre apagado en la boca,

Un cigarro que a lo lejos una mujer prendió y manchó con lápiz labial.

Una bocina, un semáforo, las puertas del metro…

Escenario vulgar, sincero, inhóspito para los amantes.

Un beso muy largo, lenguas que se transforman en miembros dotados de virilidad.

Una lucha de manos, una lucha sensual.

Se enciende el motor.

Es tarde: en la casa de él, lo espera su mujer.



miércoles, 17 de junio de 2009

Yo quiero, perderme en la ciudad.


En esta ciudad que me abre sus piernas para que yo, simple mortal, me encamine por los pliegues de su sexo, para que beba de los jugos aquellos, los restos de la violación que ha sufrido, una y mil veces, por seres que la han creado. Porque, querámoslo o no, quienes nos hieren son los que nos conforman como identidades, si yo soy así, fríahurañamalgenio, fue porque tú me violaste.

Y es tan hermosa esta ciudad... Tan manchada y herida, la miro por las mañanas cuando voy a la universidad, veo a la mujer que pide plata cercano al paradero final de la 205, veo las marcas de vómitos y aveces, sangre. También, llego a avenida Providencia, con sus gentes empapeladas de trajes, son ellos, otros violadores, se llenan la boca de palabras infieles.

¡Hay, estos personajes! somos tantos los que manchamos el asfalto y sus remedos de parques... Pero yo amo a la ciudad, así, manchada y violada como está, ¿Acaso hay entidad más compleja? ella que nos lleva a nosotros como microorganismos que nos alimentamos de ella, tan delicioso elixir nos provee, incapaz soy yo de dejarla, más sólo quiero admirarla en soledad, filtrarme en los pliegues maravillosos y tibios de su sexo, beber aquella materia intocable que han dejado los que la hemos violado, y fundirme... Fundirme en su interior mismo, hasta volverme yo, otra ciudad igual de violada.


miércoles, 10 de junio de 2009

En la ciudad que tanto amo y temo.

Las calles revoltosas de caos parece que me absorberán. Siento miedo, pero sigo caminando, por ti. No puedo decir que veo la luz al final, no puedo decir que las esquinas sean atrayentes para mí. Cruzar una puerta siempre ha sido difícil para esta pobre alma atormentada, de pasado y de penas espinosas, que marcaron al corazón selectivo. Tener miedo parece siempre la opción más atrayente, porque el miedo liberó a la gente, porque los que tuvieron miedo, sobrevivieron. ¿Y si quiero morir? ¡Morir de pasión! Suena deliciosa la idea de desfallecer entre tus brazos de piel de durazno. Anidarme en el frío agradable de tu pecho que subirá y bajará arrebatado. Sería maravilloso saberme provocadora de tus latidos, de tu agitada respiración. ¿Acaso me negarías el beber de la poción revitalizadora de tu beso? Quiero que tu lengua se pierda en mi boca con la mía, quiero que nuestras piernas resbalen juntas por un cielo lleno de nubes acolchadas y tibias, serán nuestras carnes las mejores camas para nuestros deseos más ocultos. Nos verán por ahí, en la ciudad a la que tanto amo y temo, donde nos amaremos.


Esta ciudad a la que tanto amo y temo. Esta ciudad que parece que absorberá a la gente que camina apurada a sus trabajos por la mañana, siempre me siento tan pequeña y frágil cuando admiro los edificios, y amo todo el ruido, todas las razas de personas que transitan, ellos ni siquiera me miran, jamás ven mis ojos que los contemplan de forma enamorada, porque amo ese caos matutino que me obliga a caminar apurada y con mirada desafiante, porque aunque le temo a la ciudad, me encanta desafiarla con mis pensamientos y mi amor.