Desde el metro, mirando hacia la cordillera, la ciudad parece una marea negra y sensual, llena de medusas amarillas que se forman para dar el espectáculo más sublime que jamás he visto.
Quiero bajarme del metro y ser absorbida por aquellas aguas petulantes y pretenciosas. Porque así es la ciudad (no te dejes engañar), se cubre de faroles y se disfraza de mar, pero, que recuerde el hombre que aún no ha llegado al fondo del océano, que no conoce todas las criaturas que allí sobreviven.
Aún así, aún cuando la ciudad sea una marea peligrosa y desconocida, yo, simple mujer que ni siquiera sabe nadar, quiero ahondar en sus profundidades y mezclarme con las algas del olvido... Quiero ser el basurero desvordado de inmundicia, me volveré el carrito de sopaipillas, me camuflaré perfectamente con los perros llenos de tiña, con los gatos delgados, con las palomas piojentas...
Quiero ser sucia marea peligrosa, ciudad engañosa.
Quiero descontrolar este desierto nortino y volverme ciudad tempestuosa, para así mancharme y que jamás me reconozcas



