martes, 5 de junio de 2012
Alegorías
martes, 22 de febrero de 2011
2.16 AM
Había algo perturbador en la forma en que me mirabas,
siempre con aquél brillo platinado que me provocaba bajar la vista.
Mentiría si dijera que no he pensado en cómo se sentiría besarte,
sobre todo por la barba, sobre todo por tu lengua, sobre todo por tu mirada maliciosa.
Y es esta lujuria reprimida que me provoca en la soledad,
porque el recuerdo de tus piernas al sol me perturba,
así como tus insinuaciones,
así como tus toqueteos esporádicos y disimulados.
Yo sé que tú intuyes mis naturaleza,
yo sé que tu mirada penetra mis pensamientos más ocultos,
sabes que con unas pocas provocaciones te deseo,
tienes claro que añoro entregarte mi cuerpo.
sábado, 28 de agosto de 2010
Suspensiva...
Es importante que para leer esta entrada pongan pausa al reproductor musical principal de el blog y escuchen el tema a continuación:
Download bài hát Casanova - Flute
Mientras te acercabas, todo sonaba a peligro. Pero era aquélla sensación desconocida la que mantenía en filo mis sentidos.
Tu cabello como un manto sobre tus hombros perláceos...
Tan peligrosa y misteriosa...
Ocultas entre tus piernas los misterios más profundos de la vida. Y en la ciencia de tus movimientos, el secreto de todas las artes.
Al tratar de definirte, suena en mi cabeza una melodía tenebrosa y abrumante... Porque la ansiedad por tocar lo intocable nos vuelve bestias.
Bestia yo que no puedo palpar la sustancia de tu alma púrpura.
Todo se convierte en un eterno punto suspensivo, todo parece tener continuación cuando tu mirada se posa en mí. Y yo que siempre he sido torpe cuando se trata de la intimidad de un abrazo, yo que no puedo besar apasionada sin dejar de pensar en el miedo por desprenderme de la tierra...
Y aquí estoy ahora... Suspendida en el aire, tratando de comprender los secretos de tus pupilas, queriendo atrapar la materia oscura de tu belleza, deseando romper la barrera de tus labios, ansiando financiar una guerra en contra de tus muslos...
Porque después del susurro de tu respiración, todo pareciera tener continuación.
Y ahora estoy en suspenso,
Tratando de definir...
La naturaleza..
De tu nombre.
sábado, 21 de agosto de 2010
Engañosa ciudad
Desde el metro, mirando hacia la cordillera, la ciudad parece una marea negra y sensual, llena de medusas amarillas que se forman para dar el espectáculo más sublime que jamás he visto.
Quiero bajarme del metro y ser absorbida por aquellas aguas petulantes y pretenciosas. Porque así es la ciudad (no te dejes engañar), se cubre de faroles y se disfraza de mar, pero, que recuerde el hombre que aún no ha llegado al fondo del océano, que no conoce todas las criaturas que allí sobreviven.
Aún así, aún cuando la ciudad sea una marea peligrosa y desconocida, yo, simple mujer que ni siquiera sabe nadar, quiero ahondar en sus profundidades y mezclarme con las algas del olvido... Quiero ser el basurero desvordado de inmundicia, me volveré el carrito de sopaipillas, me camuflaré perfectamente con los perros llenos de tiña, con los gatos delgados, con las palomas piojentas...
Quiero ser sucia marea peligrosa, ciudad engañosa.
Quiero descontrolar este desierto nortino y volverme ciudad tempestuosa, para así mancharme y que jamás me reconozcas
sábado, 17 de octubre de 2009
El Amor Del Antiguo
Se miró al espejo y relamió sus labios pálidos. Pensó en el pasado, cuando le vio caminando por la ciudad con aquel rostro tan hermoso, el más hermoso que recordara en doscientos años. El muchacho tenía apenas diez años y caminaba con tanta propiedad por las aceras de la ciudad. Sintió su corazón arrebatado cuando el chico le dirigió aquella mirada púrpura. Entonces, en silencio, le siguió algunas calles y descubrió el basurero donde vivía aquel ángel caído.
Después de pensarlo en sus sueños, la noche siguiente, salió en busca del niño que solía vagabundear por la ciudad nocturna de asfalto y neón. Entonces, cuando lo encontró, lo envolvió en su abrazo frío y le borró todo rasgo de tristeza y necesidad de la memoria. Lo crió como un hijo mientras su corazón latía hinchado de amor pasional.
Aquel niño, creyó fervientemente en el hombre pálido y de cabello de seda negra. Se entregó a él como si fuera aquel cuerpo milenario un santo en vida. Nunca temió de verle sólo en las noches, nunca dudó de aquel dinero inacabable ni de los sirvientes silenciosos que le criaron. Creció como un chico normal, rodeado de innumerables tesoros sin saber por qué los obtenía. Él no comprendía que había desatado el amor incondicional y tenebroso de un ser marcado por la muerte, guiado por la sed.
Cada noche, aquel increíblemente pálido y hermoso hombre despertaba de su sueño, bajaba de su habitación cerrada con mil candados y cenaba sin cenar con el muchacho que lo esperaba con excitación. Entonces el chico, seducido y sin memoria de nadie más a quien amar, se tiraba a los brazos de su benefactor y le besaba las mejillas heladas. Consciente de la no naturaleza del sujeto, consciente y a la vez ignorante del hombre en verdad.
Salían a recorrer la ciudad tomados del brazo, mientras el antiguo le describía la evolución de la ciudad con precisión de quien ha presenciada cada suceso histórico. El muchacho desconfiaba apenas, pero el amor e impresión que el antiguo causaban en él, arrebataba sus púberes emociones que buscaban con anhelo un poco más de intimidad.
Y antes de desaparecer a los confines de su cuarto, el beso. Un pequeño beso en los labios del muchacho que hacían caer sobre él un sueño imposible de ignorar. Entonces caía rendido a los brazos del mayor, que lo llevaba a su habitación y le robaba un sorbo de juventud, para saciar la pasión, para saciar aquella sed que le inculcaba terroríficas imágenes de muerte y bacanal.
El muchacho despertaba al medio día, con un cansancio extraño, poco habitual, y descubría unas pequeñas costras en su cuello marfilado, demasiado pequeñas, que le escocían. Siempre culpó a algún mosquito, pese a que en su interior comprendía la gravedad de aquellas marcas. Pero el amor, aquel amor apasionado podía más… Entonces cerraba los ojos y seguía durmiendo, soñando con aquel abrazo, con aquel abrazo que lo envolvió como una nube gris que borraría todo lo anterior, y que sería el punto de partida para la vida que terminaría.
Llegó el momento, al fin… Ya es hora.
Pensó el mayor mientras el joven, que cumplía dieciocho años, le esperaba de pie en la terraza vestido con un traje a la medida color gris. Su cabello castaño le caía despreocupado por la frente, a lo que el mayor se adelantó y colocó detrás de las orejas de su amado.
Lo llevó a recorrer el mar, le confesó, entre miradas demasiado profundas para un mortal, lo que escondía aquel corazón que amenazaba con dejar de latir en cualquier momento si no recibía un sorbo de vida roja. Entonces, con un beso demasiado íntimo, le demostró que la sangre tiene un sabor dulce, demasiado dulce para lo que cree la finita humanidad.
El chico se aferró de la espalda del mayor, consciente del abismo que los separaba, un abismo que amenazaba con volverse nada.
Llévame, déjame caer contigo a la mayor oscuridad.
Llegó el momento, al fin… Ya es hora.
Se dijo el mayor mientras comenzaba a perforar la piel del cuello de su preciado joven. Entonces, con pleno consentimiento del ángel caído, dejó llenar su boca de aquel néctar tibio y suculento. Pronto bebió hasta que su corazón se aceleró, y mientras el joven lo miraba con sus iris púrpura desbordados en lágrimas, el mayor mordió su muñeca para darle a beber al joven que le quemaba el alma.
El muchacho aceptó, tan enamorado como turbado de emociones, bebió la sangre que en un principio le pareció de un sabor metálico, para luego transformarse en algo demasiado delicioso, con toques dulces y textura de miel. Se extasiaron tanto el uno del otro, que volvieron corriendo emocionados a la casa que lo vio crecer. Entonces se entregaron, durante la primera noche, el
néctar de la vida una y otra vez.

No lo sé... Me sentía un poco melancólica, un poco lúgubre, y nació esto. Espero no cause ninguna sorpresa, pero me encanta jugar con la sexualidad ambigua.
lunes, 12 de octubre de 2009
Locura

Anhelo enredarme en tus muslos opulentos de seda.
Exhala el humo de tu cigarro, mi amor, deja que entre en mi boca.
Quiero con mis labios quitarte la pintura de tu boca,
Quiero marcarte por completo,
Ser un animal y tú mi territorio.
Mientras te veo bailando con otro,
Mientras yo bailo con otro,
Me imagino lo que piensan ellos, luego de que te dirijo lascivas miradas.
Él coloca una mano en tu cintura,
El otro quiere besarme,
Tú sonríes coqueta,
Yo le hago un suave desaire.
Me pides ir al baño,
Ellos quedan expectantes.
Luego volveremos,
Digo en un susurro incitante.
Cierro la puerta tras de mí,
Tú retocas tu carmín.
Quiero, quiero, quiero tanto besarte.
Mis manos tiemblan mientras acaricio tu cabello y tú pareces ignorarme.
No seas así, amada… Dame el aire y el agua.
Me miras, sonriendo con tus ojos…
Te miro, con deseo…
¿Qué pretendes?
Me preguntas.
Ya no lo soporto, amor, quiero que tu saliva sea mi bautizo.
Entonces me acerco, lenta y delicada.
Un beso, un toque, un roce.
Me estremezco, tú me abrazas.
Quiero estar siempre así, unida a ti por el lazo de tu lengua, mi amor.