martes, 27 de diciembre de 2011

reír

Ríete Nataly, ríete.

No te queda otra cosa que reír, bien fuerte,

que nadie piense que el comentario te hirió.

Todos se ríen, que lindo es reírse,

¿no crees tú?


Así que me rio.

¿No me veo linda riendo?

muy escandalosa, muy gritona.

Así no sospechas,

que me clavaste una espina por dentro.


Te miro a los ojos,

tu rostro brilla,

nadie diría que tienes más de cincuenta años.


Yo solo quisiera

que siempre me mirases de ésa forma,

cándida, alegre, tibia y hermosa,

porque si pierdo ese derecho,

yo me hundiría,

yo, me moriría.


No puedo más,

alma joven

y frágil

que levanta el viento

y deja caer,

cual hoja seca,

seca antes de que llegue el otoño,

me adelanté a la muerte y la burlé

asesinándome yo.


Reír,

reír,

reír,

es por lejos,

más agotador que morir



viernes, 23 de diciembre de 2011

tríada

todo se mezcla en aromas y sabores extraños,
desagradables y entrañables,
en mi memoria.

No sé cuál de los dos fue Diego o Laura,
pero de algo estoy segura,
yo fui Manuel.

Fui Manuel jugando a lo novedoso,
a la intriga,
a la seducción.

Fui tan Manuel cuando caí rendida
al amor
al erotismo
a un beso.

Fui tan Manuel,
que poco a poco
lo supo todo
y se dio cuenta tarde de la jugarreta.

Somos tan sensibles,
nosotros,
los humanos.
Ávidos de atención
luchamos por resaltar.

Él quería ser protagonista,
tú y yo también.
No hay cabida en nuestras vidas para esta tríada.
Se va Diego,
te vas tú Laura,
o me voy yo; Manuel.

sábado, 17 de diciembre de 2011

LSD

Quiero sueños mezclados
con violetas y amarillos
en un caldo tibio y aromático
a menta y laurel.

Abrazarme a ese cuerpo
que se entrega y se aleja
y sentir en ese juego
que pongo mi vida a prueba.

Luego volverme de papel
y que el viento me levante
como si yo fuera una hoja errante.

Quizás me beses la boca,
pero yo estoy y ya no estoy.
Así que no me pongas esos ojos
que yo ya me desprendí hace horas de este mundo

domingo, 11 de diciembre de 2011

12.11 AM

Si cierro los ojos lo veo todo, como si ya hubiera pasado, como si la marca de tu beso en mi espalda aún estuviera tibia.

Me tiras contra la pared, choco incómodamente, tu rodilla irrumpe groseramente entre mis muslos y masajea con insistencia la humedad que se asoma a través de la ropa interior.

Siento que si no te beso se me irá la vida, así que me agarro a tu boca como si fuera a través de ella por donde respiro. Si no fuera por tu lengua yo seguiría siendo una mujer monótona y fría.

Quiero desgarrar cada célula de tu piel, entrar por tus poros para colarme en tu torrente sanguíneo. Envenenarte toda con caricias maliciosas en tu espalda. Que ya no puedas resistir la pared que forma la tela de nuestras ropas, que seas revolucionaria y mueras por derribar cada muro de fibra que nos separe.

Mis piernas están abiertas, yo te quiero ahora, tómame con violencia si quieres, que a mí ya no me importa perderme en el laberinto de tu sexo.

Quiero tironearte el pelo delicadamente, insinuarte tantas cosas y sentimientos, susurrarte mil suspiros y quejidos en la oreja. Que sé que te enciende verme disfrutar. Y yo te complazco, yo me retuerzo bajo tu cuerpo, yo me quejo, sudo, contorsiono, que la delicia de tus dedos en mi rubí es demasiado, porque el silencio no va acompañado del sexo. Sexo silencioso es como una caricia sin intención.

Méteme los dedos, sin preámbulos, que me duela, ya te dije antes que no me importa, mientras me beses constantemente, yo estaré sedada. Procura poner el volumen de la música muy alto, que yo no quiero escatimar en ruidos. Yo quiero que me cojas escandalosamente, pervertidamente, sin pudor ni vergüenza.

Ahora me toca a mí, déjame girarte. Quiero morderte la piel de la espalda y que te duela un poquito. No te hagas la difícil, que necesito saciar esta hambre de piel que me nace cuando te veo.

Un, dos, tres. Quiero fundirme contigo. Quiero pegarme y frotarme a tus piernas, a tu cuello, a tus pechos.

Vamos a tomarnos todo y fumarnos hasta los pensamientos. Que ya no hay nada más que razonar. No pienses, aléjate de la cordura. Yo me encargaré de provocarte, de que pierdas la noción del tiempo, del cuerpo.

Nos vamos a volver diáfanas y tibias en esa delicia exuberante que es perderlo todo en una explosión de fuego. Que ya no nos quedará nada que nos ate a la tierra, cortémonos los pies para así volver a lo esencial y olvidarnos de la ley de gravedad.

Salud y provecho, que con esta cena quedaremos satisfechas.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Prefiero morderte

Tú me dices que por qué ya no escribo de ti, mi amor.

Ya no escribo porque no es necesario, porque de la letra pasó a la vida, de la ansiedad pasó al deseo.

Te vivo, te abrazo, te beso, y en cada acto la ansiedad se vuelve viento.

Cuando te tengo cerca no puedo ignorarte, necesito que me toques, aunque sea el pelo.

De la idealización pasamos al concreto. Te quiero, te quiero, y más quiero decírtelo siempre y a cada rato. Que no dudes de mí en ningún instante, porque eres la única que me hierve la sangre.

Y quiero darte un beso en el que nos perdamos toda la tarde, morderte el cuerpo para que en ese dolor presientas la huella de mi ausencia, que es deliciosa, si piensas que cuando nos reencontremos te abrazaré con fuerza y me desharé en tus brazos.

El otro día pensaba en lo mucho que me gustan tus manos. Siempre me fijo en las manos de la gente, y las tuyas, mi amor, son hermosas. Me acaricias con tanta profundidad que quizás no te des cuenta, pero el cuerpo habla mejor que las palabras mismas, que temo que cuando leas esto no lo entiendas o te parezca poco. Cuando la piel se estira en tus nudillos me dan ganas de mordértelos, quizás algún día te muerda y te engulla, para que así termines de rondarme en la mente y te quedes un ratito tranquila en mi alma.

Tus manos, mi amor, tienes que regalármelas. Sírvemelas con vino blanco helado, que yo jamás despreciaría esa carne caliente que calienta la mía.

Tan solo quisiera que nos fuéramos a otro planeta y así nadie fuera motivo de celos o molestia.

Hay noches en que me gustaría tenerte a mi lado, para saciar esta angustia del corazón, porque sabes que yo no soy cariñosa, lo que no sabes es que no soy cariñosa con cualquiera. Porque yo necesito el abrazo del que me pide el cuerpo, no de cualquiera, que eso sería un insulto a las necesidades del alma. Por eso te abrazo tan fuerte, por eso te beso de improviso, por eso te muerdo. Porque paso hambre de ti, porque nunca es suficiente, malcríame hasta el hastío, que quiero solo necesitar tu abrazo y tu beso, que nadie más me toque, solo tu perfume… Ese perfume que queda rondando en mi nariz horas después de tu partida.

Toda palabra se confunde y transforma, quiero morderte ahora mismo en la espalda, dejarte huellas por todos lados, y ser tan dulce contigo como para intoxicarte. La palabra siempre me quedará corta contigo, prefiero morderte muy fuerte y quizás algún día ya no sentir esta angustia de estar encerrada en mi cuerpo.

jueves, 8 de diciembre de 2011

15.00

Escribir de ti siempre se vuelve
una danza con el tiempo y mi memoria.

Porque pasan los años
y mi memoria me falla.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Torero

El torero piensa que con ondear el rojo me provocará.

Yo me paseo con soberbia a su lado, actúo como si no me perturbara.

Sonríe, sabe que el plan no funciona. Así que me contornea la cadera y se envuelve en la tela roja.

Siento el sudor en el lomo, quiero arremeter contra su pecho y devorar sus muslos.

¡Olé!

Se salva el torero. Me cansa este juego.

Vuelve a sonreír el torero, su estampa me seduce y su juego me perturba.

¿Por qué no me matas de una simple estocada?

¿Por qué haces este juego mortal con tal deseo?

Mátame con esa boca infantil, clávame el puñal con esa exquisita mano morena.

¡Olé, olé!

La gente se divierte, yo me pierdo en sus ojos.

Me das la espalda y caminas. Torero lujurioso de espalda hermosa. Si tuviera manos te envolvería con ellas, si tuviera boca te comería los labios.

Me perturbo y ataco.

¡Olé!

El torero me esquiva con una gracia viril.

Siento desfallecer, mátame, mátame, pero no me perturbes de esta forma.

Se ríe el torero, sus ojos desprenden llamas.

¡Quiero besarle, quiero besarle!


Se cubre con el manto rojo, se acerca, yo retrocedo. Pero esa sonrisa es imbatible… Tiene en los ojos las marcas de los amores que ha robado. Me siento insignificante animal, su juego se ha vuelto muy cruel.

La gente mira expectante. Es su vida o la mía.

Arremeto contra el rojo furioso. Siento caliente el lomo. Grita la gente, el torero ganó.

Mis patas me fallan, caigo a la tierra. El torero me hace un saludo.

Se arrodilla con su flamante figura y me mira a los ojos. Me llevo su imagen como último recuerdo. Siento la caricia de su mano sobre mis ojos. Mano infame… Con ella empuñaste la daga que me roba el aliento. Y ahora me acaricias… Torero, los de tu estampa están destinados a ser adorados y a amar poco.

Me susurras algo en la oreja. Quiero responderte y solo escupo bramidos y sangre.

La gente se aleja, el espectáculo termina. El torero se limpia el polvo de las rodillas y emprende la marcha.

El toro ha muerto, está tendido con los ojos aún brillantes, gritan los niños. Nadie se atreve a tocarlo, porque pareciera que se levantará en cualquier momento, susurran las mozas. Solo las viejas comprenden, que la bestia murió enamorada.

martes, 29 de noviembre de 2011

23.33

Cuando es tu mano
la que pone el puñal en mi mano,
se vuelve muy difícil el resistir.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Juego mortal


Bajo la mirada, me arreglo el cabello, reviso papeles… Todo. Todo para que mis ojos no choquen con los tuyos. Mirada infame, profunda, perturbadora.

En tu burlona sonrisa siento el dejo de una intención, morbosa, caliente, me quema, esa intención.

Paso a tu lado y me hago la fría, no te miro, apenas te hablo, te respondo de golpe. Yo jugué siglos atrás esos juegos, conozco las reglas y conozco el final.

Me invitas a fumar, me hablas de tu edad, buscas mi tacto, presientes mi perfume. Yo me rio. Me rio porque tú franqueas mi naturaleza, porque tú eres un vidente y yo un paisaje borrascoso, y aun así, me descifras.

Tomas mis actos y barajas una estrategia. Yo soy una niña, no una mujer, una niña, que juega a ser adulta, a ser seria. Pero tú reviertes mi grandeza, me provocas con un paño rojo de torero, y a mí se me nubla la mirada ante tal juego abrasador, que espolea los ímpetus de agarrarme a tu cuerpo con un impulso mortal. Arrojarme a tus brazos para perder la vida y los sueños en tu boca y dejar de ser niña, crecer en tu cuerpo, y que tú crezcas en el mío.

La próxima vez voy a ser más astuta, seré yo el torero y tú el toro. Conozco las reglas, estoy dispuesta a morir.