martes, 5 de junio de 2012

Alegorías


La jungla de sentimientos se asienta en el alma torcida...

Me gusta como tus manos acarician con hambre el muslo que se ofrece tímido. 

Quizás te beso como si jugara al quita y da, pero es que me vuelve loca pensar en el dolor de tu entrepierna.

Me gustó mucho cantarte canciones rebuscadas, sensuales, lentas, terribles, oscuras. En esos momentos sentía que te entregabas a mi pecho con una tremenda confianza. Por eso, yo te dejé hacer hasta el límite de mi capricho.

Me devoraste el cuello con impaciencia. Ésa lengua estaba sedienta del perfume de mi piel.

Aprisióname muy fuerte, que hace frío, y yo soy la amante espectacular que tus sueños han tejido.

Yo seré la que tú quieras que sea. Así de definitiva es mi entrega, porque quiero que me recuerdes, porque deseo que nadie más esté sobre mí. Que le digas a tus amigos que como yo no habías conocido a nadie, que le repitas a cada uno, que soy tal cual pediste a las noches solitarias rellenas de húmedas fantasías.

La barbilla que rozó la mía era áspera. Áspera pero entrañable.

Entrañable desde el deseo que surge en los intestinos del tejido más sensible. Vibra el estómago si me sigues diciendo que soy hermosa, tiembla mi sonrisa si me miras tan directamente. 

La mano tibia sube por mi espalda, acaricia mi cuello, aferra mi rostro. Me besas como si fuera un arte. Yo seré la musa de tu lengua, los colores de tu pincel. 

La timidez, en justa medida, enciende el deseo.
 
Yo te prenderé con dulces besos artísticos, con caricias ambiciosas que quieren apaciguar tu alma. Yo te sé herido, mis manos quieren curarte. Déjame ser bálsamo para los ojos cerrados. Pero piensa en mí. Piensa en mí en cada instante de la pasión. Que estas piernas las valores como mías, que mi boca no cambie de forma, que mis besos sean únicos, que mi olor sea tan propio como para que luego en la completa oscuridad puedas reconocerme…

La jungla de sentimientos y sensaciones se abarrota de alaridos… Cae una llovizna sutil, un rocío otoñal…
El cadáver de la pasión quedó pegado al colchón. Cuando retoco la pintura de mis ojos, supongo, ya te he olvidado.

No me mires así desde las sábanas. Te daré un último aliento con mi boca. No me mires así… Que amar al viajero no es una opción. 

Sonríes resignado. Me arreglo el cabello, te cubro con las frazadas. 

Quiero otro beso… Quieres más arte…

Una boca que enloquece encerrada en la otra, desborda la vida, desborda pasión.

Escucho el alarido distante de un estremecimiento que debilita mis rodillas. No te atrevas a encerrarme otra vez entre tus brazos. Soy débil a tu tibieza. 

Déjame marchar así, sonriente, aliviada de los límites. 

Eso, gírate, dame la espalda. Que sea esa espalda lo último que vea… No tus ojos, no tu boca, no tus manos, no tu pecho… No, no ese pecho que me acunó con tanto cariño y confianza, no.

Perfecto. 

Camino rápido por la calle, la gente me mira. Jungla terrenal de la vida apresurada y gris… Quiero gruñirle a la gente, me apesta la gente, me enferma.

Yo estoy enferma, enferma de una jungla ilimitada de animales que habitan dentro de mí.

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